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29 de noviembre de 2012

El último que sonríe


La casa rebosaba cosas por hacer y el café estaba frío. La máquina de escribir hacía tiempo que se había quedado sin tinta. Los periódicos, tirados por el suelo, parecían de un siglo pasado. Me había despertado aletargado después de un invierno sin muñecos de nieve. Llevaba un buen tiempo posponiendo mi viaje, marcando rutas en el mapa, redefiniendo el Dogma...

Así que me tomé las cosas con tiempo. Desenpolvé mi moleskine dispuesto a desnudarme de nuevo mientras las nubes huían para mostrar un sol que no siempre estuvo allí. Pero no eran nuevas historias lo que necesitaba, sino un nuevo protagonista.

Había muchas cosas de mi vida por contar. El único problema era que no habían sucedido todavía. Oficiando de guionista, modelé un personaje con la arcilla de lo que me hubiera gustado llegar a ser y dejé que fuera él quien contase su propia película. Yo tan solo me limité a prestarle mi cuerpo. Mis manos se convirtieron en sus manos, mis ojos en sus ojos. Y él, a cambio, transformó mi miedo en su valor, mis lágrimas en su sonrisa; mis infranqueables muros, en sus calcetines de diferentes colores y su sonrisa socarrona.

Había llegado la primavera. Afiné mis sentidos, acordé mi banda sonora. Respiré hondo y me puse delante de las cámaras. Pasé las noches entre barras de bar, canciones de los hermanos Gallagher y Jack Daniels. El sentido de la vida se reducía a mejorar un poquito cada día. El amanecer era el final de un capítulo; el atardecer, el principio de otro. Viajé de excursión alrededor de mi mente. Me puse en evidencia a propósito y golpeé mi propio reflejo en el espejo... dicen que el elegido debe primero elegirse a sí mismo.

Por supuesto, no todo salió bien a la primera. Tropecé varias veces con la misma piedra, repasé una a una, mil veces, mis frases y tener que volver a casa con los bolsillos vacíos se hizo habitual. Pero entre toma y toma, sentía que dejaba de ser yo y me iba convirtiendo en el personaje. Y empecé a escribir mi historia. Me hice más fuerte, más rápido, más guapo. Empecé a mirar a la vida con la seguridad de quien sabe que las armas más poderosas de este mundo son un folio en blanco y un bolígrafo. Thomas Tipp was right, people will read again - recordé. La primavera abandonaba aquel día la ciudad.

Es duro cuando piensas en todo el camino que te queda por escribir, pero si caminas palabra a palabra, escena a escena... cada minuto que pasa en la vida se vuelve tu mejor aliado. Y quizá, sólo quizá; un buen día, mientras llueve, mires al cielo tumbado en el césped de un parque y decidas, como hice yo, que nombre le vas a poner a tu personaje.

Por cierto, yo lo llamé Belsierre.

7 de mayo de 2010

Mi primera vez

Segundo clasificado (quedando el primero desierto) del concurso de relatos ultracortos de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza.

Escrito por: Andrés García Cavero

Tema: Mi primera vez

El cuerpo de Beatriz parecía no necesitar edredón para mantenerse caliente. Su espalda, desnuda, reflejaba la luz del amanecer que tímidamente dejaban entrar las cortinas y sus manos agarraban la almohada como si quisiera a la tumba. Sus ojos, cerrados, parecían no quitarme la vista de encima.

A los piés de la cama, un vestido con manchas rojas ponía la única pincelada de color a una habitación que parecía haber sido rescatada arqueológicamente del siglo pasado. Tan sólo un armario empotrado y un tocador a la izquierda, según yo me encontraba tumbado, acentuaban el lado femenino de la estancia.

Desde una antigua estantería, situada a la derecha de la cama, la parte masculina de aquella habitación; llamaba la atención la típica foto de familia con hija en medio, una señora como dios manda y un padre de mirada militar que abrazaba fuertemente, como tratando de impedir que escapase corriendo, a una adolescente con aparato dental que desafiaba a la naturaleza con una altura desproporcionada y unos senos voluminosos.

Ya en pié, tras ponerme la chaqueta, admiré su silueta burguesa una vez más, para luego, silenciosamente, disponerme a abandonar la habitación. Me agaché y recogí del suelo, en el umbral de la puerta, los dos casquillos de catorce milímetros que tan fríamente había disparado minutos antes. Salté como pude, ya en las escaleras, el cadáver de su noviete y me encaminé hacia la calle, ya con las sirenas de la policía de fondo, alertados por los vecinos, que habían escuchado gritos en la casa del fiscal general.

21 de marzo de 2010

Vivir con lo propuesto

Vivir con lo propuesto significa no tener nada en el bolsillo, y, sin embargo, tenerlo todo en la cabeza. Significa escribir tus propios mandamientos, y cometer también tus propios pecados. Significa creer, que de algún modo, una cámara cinematográfica camina detrás de tí como si tu vida fuese una película de autor donde tu interpretas el personaje principal. Significa echarle cuatro cucharadas de azucar moreno al té, aprender a volar. Significa interpretar un papel, uno que tu mismo has escrito. Significa serle fiel al yo que tú mismo has creado, y serle fiel sin esperar ninguna recompensa por ello hasta los títulos de crédito, los cuales, irónicamente, no verás nunca.

Vivir con lo propuesto es ser patéticamente soso a la hora de inventar excusas, y un tozudo orgulloso en el momento de dejarte convencer por ellas porque vivir es, precisamente, proponerse algo y luchar por cumplirlo; sabiendo que de cualquier otra manera no será posible. Significa valorar más la música que escuchas en tu cabeza cuando piensas, que el ruido del mundo. Porque automágicamente, ella ya sabe el ritmo que tu quieres seguir.

Vivir con lo propuesto significa resbalarse una vez al día, tropezarse dos a la semana, caerse tres al més, morir cuatro al año y volver a nacer en cada una de ellas. Pero sobre todo, por encima de cualquier otra definición, vivir con lo propuesto es verme donde tiempo hace era impoposible imaginarme, y mirarte.

21 de febrero de 2010

Vivo

Hoy me he resbalado temprano y he salido a pasear por el centro del mundo. Como el sol parecía empeñado en dispararme por la espalda, he decidido atrincherarme de su bombardeo perpendicular colándome en una de esas diminutas tiendas de autor que pueblan el casco. Dispuesto a echarle una ojeada al más moderno catálogo de vidas que tuvieran. Aunque sólo fuera para salvar el rato.

El dependiento se ha esmerado en enseñarme la nueva colección, vidas llenas de transparencias, muebles modulares y artefactos minimalistamente funcionales; fragancias de nombres inpronunciables e informativos financieros. Y aunque tan meticulosamente planificadas como para llamar la atención de un adicto al orden como me considero, ninguna de ellas me ha llamado la intención.

Atrapado como estaba, se me ha ocurrido matar muriendo. Pues he construido un foco cegador y lo he interrogado sobre algo más desatado y caricaturesco, algo insanamente bohemio; algo Soho, algo Baratario, algo... no sé, algo con personalidad en lugar de tanto carácter.

El ha limpiado el polvo de un antiguo baúl me ha ilustrado con los catálogos de una vida por la que hace mucho mucho tiempo que nadie pregunta, que tuvo su momento de gloria pero que hoy día ha caído en el olvido. Parecía como si aquellos papeles enmohecidos llevaran dos eternidades esperándome. Sabios y oscurecidos como las entrañas de la biblioteca de Babel, pero con más posibilidades. Traían un sinfín de instrucciones que detallaban al pie de la letra como hilvanar las neuronas para formar sólidos recuerdos y un sextante para no perderse en las traicioneras aguas de la rutina.

Forman un paquete completo de dónde, cuándo, cómo, con quién en incluso porqué que no pienso dejar pasar. Por mi mente han comenzado a viajar ya entonces cientos de ideas que han guiado mi mano mientras firmaba el contrato. He comprado esa vida. La recibiré en un plazo máximo de tres años, mientras tanto, llevaré orgulloso en la oreja el lápiz carcomido con el que he rubricado el acuerdo. Y cuando llegue el día pienso soñarla tal y como ahora lo hago, tal y como viene descrito en condición sin ecuanum que debo hacerlo en los planos que hoy he adquirido, a mi manera.

6 de diciembre de 2009

Se buscan palabras

Hoy es seis de diciembre y el frío acaba de apostarlo todo. Me he levantado de la cama más temprano que de costumbre, y menos acompañado. Dos síntomas de que la crisis literaria ha llegado ya a mis cuentas sonrientes, cosa que la escasez de rimas consonantes venía anunciando. Mientras, al otro lado del espejo, la ciudad se acuesta con unos cuantos grilletes menos, acompañada por una ya típica neblina, densa y lasciva, como si fuera el humo del Habano de fin de fiesta.

Hace ya un par de días desde que el alcaide declarara la ley marcial y la ciudad se llenara de tipos de gatillo fácil con ensaladeras en la cabeza, de esos que no saben calcular una multiplicación ni mucho menos terminar un medio windsor. Por no hablar de su estúpido empeño en combinar verde y marrón. Camuflaje, lo llaman. Y con ellos llegó la olla a represión. Y la ley muda se implantó en la ciudad.

Me encuentro a dos pelas, y no se si aguantaré lo suficiente para que me informen del pronóstico meteorológico. Han trincado a Zalacaín y los demás contrabandistas de versos, ayer mismo, en una redada en una pelea de gallos; según leo en las páginas sensacionalistas del diario que acabó de robarle a mi vecino, con las que me he estrellado pensando que encontraría el mismo horóscopo insípido de siempre y que algún idiota ha decidido cargarse. Lo cual significa dos cosas: una, me he quedado sin proveedor para mis poesías clandestinas; y dos, tengo que empezar a robar otro periódico.

Por eso nada más poner un pie en la calle me pongo a pensar donde puedo conseguir un buen puñao de palabras. De esas que lo dicen todo o de las que se quedan calladas, de las veteranas o de las que acaban de nacer; en este momento me vale cualquier cosa. Lo admito, de un tiempo a esta parte me convertí en adicto. Lo malo es que de esta parte a otro tiempo, me he prometido no dejar de serlo.

Por eso me encomiendo a tí, a quién está leyendo. Necesito cualquier palabra que puedas prestarme, prometo devolvértela en la forma más poética que pueda. Además te recompensaré con una dirección, un enlace, por así decirlo, a cualquier parte de esta ciudad global que tu decidas, y que yo esbribiré en el trasfondo de tu palabra.

21 de noviembre de 2009

Te dirán

Te dirán que no se puede. Que coloques un espantapájaros en tu cabeza. Que no los dejes volver. Ni mucho menos anidar. Te dirán que quizás antes si que se podía, pero que tal y como están los tiempos… mejor no poderse. Que otros muchos lo hicieron, pero que ellos eran ellos y tú eres tú, que eran más listos, más capaces, más ellos. Te dirán que ni puedes ahora, ni pudiste antes, ni podrás nunca.

Te dirán que es una tontería intentarlo y que, conseguido, tampoco serviría mas que para decir que pudiste. Te dirán que es preferible no arriesgar. Te dirán que tienen cosas que decirte. Que saben más de ese tema. Que mejor ya lo hablamos otro día y mientras tanto sigue con lo que estabas pudiendo. Que porque digas que puedas, no significa que puedas poder. Ni que puedas decirlo.

Te repetirán que no se puede. Y esta vez lo dirán tan alto como puedan. Que pases por su aro y podrás a su manera. Pero que no te creas que vas a darle la vuelta a la tortilla. Te dirán que podrías haberlo pensado antes. Te dirán que puede ser… que quizá para la semana que viene… que vuelva usted mañana. Y no te dirán lo más importante, que podría haber sido.

Te dirán que de hoy no pasa. Que quien te has creído tú que eres. Que ya está bien. Te mirarán de la cabeza a los pies para conjeturar si podrías, pero nunca a la cara. Y te dirán que es mejor lo de ellos, que te has equivocado.

Pero tú haz como yo, sonríe. Y que digan lo que tengan que decir.

21 de octubre de 2009

Bilcionario

Desde los árboles de la humanidad (si, quería poner "árboles") el ser humano ha buscado comunicarse con sus congéneres. Bueno, más que comunicarse, ligar. Y gracias a millones de intentos fallidos de ligue y bofetones prehistóricos, nació la comunicación. Se creó entonces una nueva necesidad determinada por la poca elegancia de referirse a dos realidades diferentes con un mismo conjunto de carácteres y un orden para los mismos, tambíen denominados palabras.

Y desde entonces nuestra especie ha intentado recoger todas estas virtualizaciones en un aglomerado de páginas, inaugurado y despedido por cubiertas de cartón que manejan un abanico de colores que van desde el azul académico al rojo choni. Estos utensilios son habitualmente conocidos como diccionarios.

El documento que se disponen a leer formó parte de la colección de la bibliteca de Alejandría. Por aquel entonces era denominado Morryscionario. Nombre que, aún a pesar de que la cultura alejandrina no conocía el significado de esta palabra, les pareció apropiado. Dicho sustantivo se mantuvo hasta que en alguna fecha entre enero de 1783 y abril de 2009, fue adquirido en subasta pública por un pujador anónimo. El nuevo poseedor lo rebautizó con un nombre relativo a su persona en un intento de demostrar lo orgulloso que estaba de su nueva posesión. Si bien esta teoría fue refutada después de tres largas semanas de experimentación, al final de las cuales su poseedor confesó ante un juez y bajo juramento que lo que en realidad quería comprar eran unas sábanas de leopardo, pero que un diablo verde le persuadió de que con el diccionario podría fardar más.

Algunos términos recogidos por el Bilcionario:
En orden de agregación al mismo.

Demonstración:
Demostración de cualquier tipo de teorema, proposición o enunciado, frecuentemente relativo a las matemáticas, que, antes de finalizar los primeros treinta segundos de su ejecución, torna drásticamente su condición de "facililla" a "su-puta-madre".

Maños Luz:
Medida de distancia cuya unidad viene caracterizada por el número de maños, u oregoneses en general, que es capaz de deslumbrar un conductor con las luces largas de su automóvil colocados en fila recta en la posición conocida como lying down.

Ebriabando:
Acción de ebriabar.

Australunizar:
Alunizar en Australia. Utilizado para exagerar la imposibilidad de un hecho o situación. (En desuso).

Diecisiente:
El próxima día diecisiete.

Fetén:
Adjetivo polivalente superlativísimo de bien. Especialmente utilizado en conversaciones telefónicas.

6 de septiembre de 2009

Banda sonora

Hace un día estupendo. Empiezas a correr poco a poco. Ves un grupo de niños haciendo cola para subirse al trenecito del parque, a una pareja olvidándose del mundo que los rodea, a unos abueletes mirando al cielo... Sigues recto por el paseo de los plátanos. Un padre-hijo en bicicleta te adelantan, intentas seguirlos pero la distancia los engulle como por arte de magia. Llegas al cruce en forma de T, coges a la derecha y esprintas para terminar cuanto antes, como si aún tuvieras siete años y te encontraras frente a un plato de verdura, con la cuesta que va a parar al canal imperial. Cruzas la carretera y tomas por la fuerza el carril bici, como si no fueras a parar hasta recorrerte el mundo entero.

Una vez allí te limitas a seguir una línea imaginaria paralela a la que en cada momento ha ido creando el agua a tu izquierda, fluyendo en dirección contraria a la tuya, volviendo de algún lugar al que tu nunca llegarás. Y sigues esa línea, frecuentemente abandonada para esquivar paseantes y hacer eslálom entre los árboles, disfrutando cada momento, mientras se te pasan miles de cosas por la cabeza.

Cruzas el río por el tercer puente y empiezas a batirte en retirada sabiendo que la inercia juega de tu parte, ahora ya por tierra, mientras el polvo se levanta a cada golpe de tus pezuñas. La noche ha ido cayendo poco a poco sin que tu te dieras cuenta y te hallas corriendo bajo luna. Aprietas el ritmo y entras de nuevo en el parque.

Bajas las escaleras justo cuando los aprendices de Rocky levantan los puños en lo alto. Enfilas el paseo principal como si fuera lo último que fueras a hacer en tu vida. Nada puede pararte. Y unas veces terminas de a lo grande, otras no. Y es entonces, cuando te paras a pensar en el camino recorrido, cuando te das cuenta de la importancia que tiene una buena banda sonora.

6 de julio de 2009

Primer certamen de literatura académica "Andrés García Cavero"

Bases del certamen:

  1. Podrá participar en el certamen cualquier persona o marciano que asi lo desee sin distinción de nacionalidad, edad, género o longitud de antenas; exceptuando los siguientes individuos o tribus de:

    • Chonis, Jennys, Canis, Emos, Góticos o Telecos.
    • Artistas de la política.
    • Portadores de calcetines diferentes.
    • Diseñadores de logotipos.
    • Conductores de alfombras voladoras.
    • Naranjito.
  2. Las obras deberán estar escritas en folios de examen, estando una mitad de la misma compuesta por garabatos y la otra por fórmulas matemático-físicas incomprensibles. Además no podrán ser originales sino copiadas a mano de alguno de los compañeros de examen.

  3. Las obras deberán tratar de obtener la máxima calificación en las preguntas del examen eludiendo las mismas de manera filosófica o haciéndose el IKEA y contando como está la abuela.

  4. Cada participante presentará entre un mínimo de pi obras y un máximo de N*e^N, siendo N el milenio en el que sean entregadas.

  5. Las obras se enviarán a la dirección María de Luna, 4, Zaragoza. A la atención del Excel-lentísimo director del Centro Politécnico Superior. Debiendo adjuntar en sobre cerrado un reloj de cuco, un cheque de cien euros al portador y una fotocopia del carnet de identidad, esto último todavía no sé para qué pero todo el mundo suele pedirlo.

  6. El falo del jurado será pelable y se hará púbico al terminar la última batalla de septiembre.

  7. El premio consistirá en pasar un día entero con belsierre y será entregado como castigo a la mejor obra, pudiendo también ser declarado de Sierto, quedando el resto de los participantes con el premio de consolación: un viaje con todos los gastos pagados a la mansión Playboy.

FE DE RATAS: Nuestro editor Barney Stinson ha revisado las bases y se ha dado cuenta del error cometido al redactar la convocatoria. Disculpen las molestias. Las chonis si que podrán participar. Siempre y cuando envíen sus fotos más sexys.

6 de junio de 2009

Aventuras de mi amigo imaginario

Nunca quiso abrir los ojos, y una vez hubo terminado de contar ovejas, supo que no despertaría en la vida. Alguien había especulado un muro a base miradas que separaba el lado del viento del lado del mar, y cobraba, a modo de peaje, una pestaña al remitente por cualquier botella enviada. Por si esto no supusiera una limitación, dentro de cada una de ellas, sólo cabían ciento cuarenta segundos.

Cada uno de sus mensajes luchó bravo contra la corriente antes de caer, como era inevitable, vencido. Siendo transportado en el seno de un riachuelo que traspasaba el muro a través de unos barrotes hasta el otro lado. Barrotes que le recordaron siempre al código de barras que quería tatuarse en la nuca cuando era pequeño. Siempre que los enviaba cruzaba el índice y el corazón de las dos manos por si los de una sola no fueran suficiente.

Sus provisiones de positivismo eran merodeadas frecuentemente por unos lobos con colmillos de marca que no se dignaban en aguantarse la risa cuando le veían y que permanecían, impasibles, a su alrededor. La margarita, que durante tantos cursos le protegió de aguaceros y ahuyentó, cual espantapájaros, a los que por allí pasaron, terminó por desojarse y decirse a sí misma que no. Y el banco que era su hogar, de nuevo desprotegido, volvió a ser el lugar en el que descansaban los sabios después de pasar el día recogiendo hojas del suelo.

La vida, contra lo que habría creído cualquiera, terminó yendo de bien en mejor y aquel que diseñó el trazado de los muros no supo, jamás, que aquella construcción impenetrable le había dado, a su preso, la libertad. Retomó de nuevo su mayor vicio, la creatividad, y mejor cualidad, la sonrisa. Después de ello el color negro de sus pensamientos, caóticamente renacido, comenzó a conjuntar particularmente bien con el cálido marrón de las páginas añejas de su cuaderno de bitácora, abierto de nuevo, y su ejercicio pronto se convirtió en una afición capaz de encender señales de humo; para que aquellos que creyeron que podían atraparle, pensaran que su mundo se estaba quemando.

21 de mayo de 2009

Guay-Alba a lo belsierre

Como prefecto de cocina debidamente acreditado por la real academia de la lengua he estado llevando a cabo diversos ensayos culinarios con el objetivo de nutrir mi alma o mi estómago, lo que se sacie primero, además de obsequiar a la humanidad con una receta espacial (esto es, no pertenece a este planeta), que, si bien pueda parecer insípida en sus primeros contactos, sea hallada sublime después de las primeras náuseas y produzca una combinación especialmente sabrosa junto a la comida mexico-italiana los miércoles por la noche.

Ingredientes para cuatro personas:
(o dos operarios de mantenimiento del servicio de salud)

  • Un cartón de 10cm de ancho por 50 cm de largo, exactamente; cortado por la mitad, aproximadamente.
  • Un crucifijo, mejor si es de macramé.
  • Una mujer cuyo nombre o bien sea o bien contenga la palabra Alba. Aquí, a pesar de ser el ingrediente fundamental, tenemos una extensa libertad para realizar nuestra elección: Alba, albaceteña, albañila... Mi recomendación: Jessica-Alba.
  • Nata montada.
  • Un ambientador de baño.
  • Pimienta.
  • Una jarrita de Jack Daniels.
  • Una piña.

Fabricación:
Antes de todo debemos dejar secar el cartón durante dos tacitas y preparar un cazo con agua hirviendo con pimienta durante toda la noche, o viceversa, a gusto del preparante. Una vez hecho esto, pelaremos la piña y la introduciremos en el cazo.

Después quitaremos las escamas de la mujer, la cual no conviene que sea menor de 18 años para evitar posibles problemas de salud tales como privación de libertad y, con ello, de horas de fiesta; aparición de rallas negras y blancas en la vestimenta y, en los casos más atractivos, sodomización.

Ahora necesitamos ponernos el crucifijo y leer algún pasaje bíblico, de nuevo a gusto del chef. Si no conocéis ninguno yo recomiendo la fábula de los panes y los peces, en tanto que bien interpretada te ahorra la compra del día siguiente; o, en caso de ser época de exámenes, el apocalípsis.

NOTA: Si has tenido la suerte de vivir en una residencia de monjas o, mas últimamente, de creyentes; puedes saltarte esta parte.

Una vez blanda la piña, la colocaremos en un recipiente bólico y la regaremos con un chorrito de Jack Daniels. Después nos dejaremos de tonterías y la regaremos con la jarra entera.

Por último sentaremos a la mujer a la mesa, con cuidado de no dañar la silla o la receta nos saldrá por un euro más, la abanicaremos con el cartón y lo clavaremos en la piña, estilo nouvelle-cousine.

Ahora ya podemos disfrutar del manjar, reservando la nata montada para 'después' y el ambientador de baño para 'el día siguiente'.

21 de abril de 2009

Adoquines de Lisboa

Resultan curiosos los tropezones que uno va dando mientras camina. Como si de un borracho se tratara, a cada paso nos encontramos una dificultad y a cada vuelta de esquina, una puta. Me confundo de historia, perdón.

Me refería a lo curioso que es ir viendo las piezas del puzzle de la vida no encajar. Puzzle que, a diferencia de los que montabas de pequeño, no trae una foto en la caja para enseñarte como deben terminar las cosas ni mucho menos un aviso con la edad a partir de la cual es sano darse a componerlo. Eso sí, trae la leyenda 'made in china' como todo lo que te venden últimamente.

En la vida nunca estarás seguro al bien por bien de si la pieza que estas colocando pertenece al borde o si, por el contrario, todo está hilvanado alrededor de ella. De hecho, ni siquiera sabrás si es una pieza tuya o de algún otro. Nadie te da unas instrucciones de montaje, ¿Para qué molestarse, si nadie las va a leer?. Y el humano corriente no se contenta con intentar colocar las piezas que te llegan en la caja sino que deambula por la vida en búsqueda constante de otras muchas, de formas extrañamente diversas e imposibles de colocar; lo que termina por abstractar el dibujo que persigue.

Y de esta manera vas colocando en tu puzzle cosas que quizá no necesitas. Una pieza con forma de coche, aunque sepas que esta contamine a sus vecinas. Unas piezas muy bonitas, de marca, con forma ropera, ignorando que te cuestan un ojo de la cara y no te hacen necesariamente más elegante. O una pieza con forma de piso. Esta última, colocándola a plazos.

Hay quien tiene práctica montando puzzles y consigue solucionarlo. Otros, en cambio, tardarán toda la vida, dejarán las piezas más importantes sin montar, destrozarán su dibujo y puede que el de otros, y seguirán teniendo huecos vacíos. Cansados de discurrir, si son afortunados, intentarán comprar un puzzle ajeno. Eso sí, sin mucho éxito.

Y qué decir de esa pieza tan frágil en forma de mujer que tiene la capacidad de no encajar nunca a la perfección. Lo peor es que, además, tiene libre albedrío y puede abandonar el puzzle cuando le plazca y dejar un vacío irrecuperable de eterna nada.

Con veinticuatro, en mi pre-vejez, con medio puzzle montado, unas piezas haciendo fuerza sobre otras y un montón de piezas desechadas tiradas por el suelo, me imagino mi futuro como esas calles empedradas de Lisboa, donde parece que algún hijo de la gran puta haya puesto los adoquines a mala hostia para hacerte tropezar pero que, en su conjunto, visto desde lejos, tienen todas sentido. Visto desde lejos, quedan bien. Visto desde lejos, forman un dibujo.

Mientras repasaba mentalmente mi puzzle he decidido no complicarme la vida. No hace mucho, en alguna clase me preguntaba qué pensaría mi yo de siete años si agachara la cabeza y me encontrase con un puzzle fácil de resolver que, a base de obviar toda enseñanza geométrica recibida en el pasado, se ha ido complicando. Quizá, y sólo quizá, tiraría todas las piezas y volvería a empezar. Pero a su manera.

Y eso es lo que voy a hacer. Voy a volver a empezar como lo haría mi infante. Me niego a pasarme la vida dejando un espacio libre para piezas que tal vez no existan, colocando en el medio las del borde y arrancando la pegatina de otras. Pienso volver al cuadrado, al círculo, al triangulo y a la estrellita. Y todo lo demás, que se coloque por si mismo.

21 de noviembre de 2006

Proclama de convivencia

Proclama de convivencia:

Reunidos de una parte las personalidades de Belsierre y de otra sus lectores se acuerda:

Que Belsierre disfrutará de una temporada de descanso en sus obligaciones como blogger.

Que la duración de dicha temporada vacacional será la que Belsierre crea oportuna, siempre y cuando exceda los dos meses y no sobrepase los doce.

Que Belsierre brindará a sus lectores textos de excelentísima calidad a su vuelta como compensación por su abandono temporal de la página.

Que las vacaciones no serán remuneradas. (Después de negociarlo mucho me tuve que conformar)

Que dichas vacaciones sólo se deben a la necesidad de satisfacer otros proyectos y no a tratamientos de cambio de sangre en Suiza.

Barbastro, Martes 21 de Noviembre de 2006.

30 de agosto de 2006

Conrad

Todavía debe estar aplaudiendo, el muy cabrón, la paliza que le metimos a los Lituanos el otro día. Riéndose con los comentarios de Andrés Montes, con sus rizos hasta la nuca y su sonrisa de jugón, una cerveza en una mano y un libro en la otra, me lo imagino practicando hasta la saciedad aquello de: “Como te pones de cereales, Salinas”. Le encanta el baloncesto, el deporte en general; recuerdo un fin de semana de junio, en plena temporada de exámenes, cuando la comida nos duró hasta el inicio de estadio dos, el programa de las trasnmisiones deportivas del fin de semana de la segunda cadena, y el presentador dio un avance de lo que vendría a ser la tarde: “Empezaremos retransmitiendo el campeonato del mundo de ‘vetetuasaberdonde’ de natación, seguiremos con el partido de tenis de Ferrero; para más tarde pasar a la final de la copa del rey de Balonmano y las semifinales de la ACB”. Conrad, tras tomarse su tiempo para asimilar la información, se dirigió hacia mí y me comentó: “Putos cabrones de la dos, Andrews, se han propuesto que no aprobemos ninguna”. Reconozco que cuando Xexu me dijo que el nuevo compañero de piso que había encontrado para Zona Cero era vasco la imagen del tronchapinos empezó a tomar forma en mi mente. Se fraguó la idea de un armario ropero de dos por cuatro, que terminó siendo cierta, que se ponía las gafas de cerca para mirar a las estrellas y hacía footing hasta el horizonte y volver. Supongo que esa ha sido la mayor lección que me ha dado, ha hecho que me olvide de los prejuicios sobre los que cabalgamos. Lejos de todo ello, Conrad dinamitó el prototipo de vasco y creó uno nuevo más acorde con la realidad. Detrás de aquel armario había un pensador que explotaba cada vez que le hacías una pregunta interesante del tipo: Con, ¿Qué hacemos con el tercer mundo? Siempre pensé que se escribía con K, aunque también pienso siempre que cualquier palabra se puede traducir a Euskera con el sufijo –oak, demostrando la poca cultura que bombardea mis neuronas. El me enseñó que si te apetece tomar unas cañas cinco minutos en Barbastro, aunque para ello haya que hacerse dos horas de ida y dos de vuelta, pues te apetecen. Y lo hizo aprovechando el hecho de que se quedó sin las llaves del piso, sus dos compañeros se encontraban en la ciudad del vino y su otra alternativa era prepararse unos cartones y coger sitio en la plaza. Menudo personaje. El día que abandonó Zona Cero, tras la promesa de unas futuras cañas, me dejó diez euros encima de la mesa; tal vez fuera su parte de una factura de luz que teníamos pendiente, pero tal vez no. Tal vez fueran aquellos diez euros que le aposté a que Trinidad y Tobago ganaba el mundial, se lo tomó en serio, el chaval. Ahora es verano y está ttrabajando en Huesca, creo. Visitando en coche a los enfermos que lo necesitan. Tal vez algún día le llamé fingiendo una enfermedad que sólo pueda tratar él. Y cuando llegue, después de ponerse en plan House, hacerle una punción lumbar y aplicarle antibióticos de amplio espectro, charlaremos. De momento le voy a escribir un mensaje para ver que es de su vida, luego, en honor a él, soñaré que España gana el mundial. ¿A ver?

23 de agosto de 2006

Vacaciones

Pasar los días entre cortados y cañas da para reflexionar sobre el mundo. A veces yo sólo, a veces con los clientes del bar. Y es que los abuelos del bar donde trabajo, seguramente los de todos los bares, son capaces de discutir sobre casi cualquier cosa; lo mismo da que sea sobre la última resolución de las naciones unidas con respecto al ataque contra el líbano, que de fútbol, mujeres o la carrera aeroespacial de la nasa. Cualquiera de ellos, como dice el sargento, se cree capaz de arreglar el mundo en dos días. Es una pena que estén ocupados tomando vino. He vuelto al curro por verano, en lugar de por navidad, donde me esperaban casi los mismos del año pasado; alguno de los cuales comentó que había vuelto el niño prodigio, nada más lejos de la realidad. ¿Prodigio? Si, pero…¿Niño? Estas son mis vacaciones. Mientras los guiris invaden las costas mediterráneas y los urbanitas pagan cien la noche por irse al campo yo me refugio en “El Dorado” al fresquito del aire acondicionado y sin tener que pelearme para poner la sombrilla. Para los nuevos lectores (uno o dos), El Dorado es un salón de tragaperras de Barbastro, donde ya trabajé el año pasado y el sargento es uno de mis compañeros en él. Me contratan en el verano para suplir las vacaciones de los empleados habituales, así que cuando vuelven me suelen traer un souvenir, una pulsera de Punta Cana, una francesa… Alguna vez pienso en trabajar durante el año y pegarme luego un verano de piscina y fiestas, pero ahora mismo soy incapaz de imaginarme mejores vacaciones que las que estoy disfrutando. La gente no sabe veranear. Mi día a día compite de sobra con un crucero o incluso con uno de esos carísimos viajes a la luna. De hecho, yo viajo a la luna con escuchar a cualquier cliente que venga. Es lo que tiene disfrutar con tu trabajo, ¿Quién no es feliz en la barra de un bar? A esto debemos sumarle el placer de ver como la peor gentuza de la ciudad entra con el dinero que ganan con chanchullos o le quitan a sus mujeres o recortan de la educación de sus hijos. Entonces nosotros se lo quitamos a ellos. Somos los encargados de hacer cumplir el ojo por ojo. Por eso cada vez que veo a uno de esos idiotas marcharse con la cabeza agachada, sonrío. Me encanta el olor a tragaperras por la mañana, ¡Huele a victoria!

9 de agosto de 2006

Historias de mi piso (5)

El lavabo: Vamos a tocar la última antes de apagar las luces. Hoy voy a hablar del lavabo. Esta historia ocurrió hace ya algunos meses, pero, para no quedar como alguien que se olvida de actualizar diremos que es atemporal. Cierto día, un invitado que se hospedaba en Zona Cero provocó un accidente en el lavabo conocido como “rotura del mármol”. Inmediatamente fue sancionado con pagar una multa equivalente a dos latas de cerveza y condenado a trabajos forzados barriendo el suelo del salón. Íbamos a añadir limpiar el baño pero está prohibido por la declaración de los derechos humanos. Después de este accidente el gobierno de Zona Cero, con su presidente Belsierre a la cabeza, prometieron una cuantiosa inversión para la reparación de las infraestructuras de este nuestro cuarto de baño. Pero aquellas palabras no hicieron más que caer al pozo sin fondo donde fueron promesas electorales tales como: “Colocar una segunda tele en el salón para poder jugar a la consola y controlar a la vez si empieza House”. El gobierno se gastó el dinero en lujos innecesarios como barras de pan aprovechando que la oposición, liderada por Xexu, se debatía entre beber cerveza o calimocho. Pero un día de repente la CE (es decir, la casera) advirtió de que habría sanciones económicas si no se reparaban los desperfectos. Comenzó entonces una lucha contra el tiempo en busca de una piedra filosofal que sustentara ese icono de la higiene y la salud que es el lavabo. Joder como escribo, me estoy sorprendiendo a mí mismo. Se contrataron los servicios de un chofer (más bien se le obligó) y tras recorrer Zaragoza en busca de, primero una tienda de mármoles que no existía, y después otra que dio la casualidad que solo hacían lápidas (mal presagio que me hizo reflexionar), terminaron siendo indicados hacia una tienda que curiosamente distaba dos minutos de Zona Cero, para disgusto del chofer. Empezaron entonces una serie de procedimientos para la obtención de una lápida, digo mármol. En que estaría pensando. Durante los cuales se ideó un sistema de sujeción del lavabo a base de Tuppers como puntos de apoyo y botellas de cerveza como pilares. (Gracias todo ello a un individuo de Zona Cero que estudia la rama de la construcción): -Entrega del mármol para tomar medidas. -Supuesta recogida. -Vuelta a casa de manos vacías. -Supuesta recogida 2. -Vuelta a casa comiéndome un tokke. -Recogida de un mármol erróneo. -(Improperios varios) -Entrega del mármol erróneo. -Recogida del mármol correcto -Parada en un bar para tomarme una birra, el mármol no pide nada. -El mármol no encaja bien y la puerta no se puede cerrar. -Me golpeó con el mármol en los cojones. El mármol es un tipo duro. -Re-entrega para recortar el mármol. -El tio de la tienda me habla de estándares y de nuevas versiones en grosores de mármoles ¿También aquí existe Microsoft? (un chiste de ingenieros, no se volverá a repetir). -Coloco mármol. -Quito mármol. -Coloco silicona. -Coloco mármol. -Coloco lavabo. -El puto mármol se mueve. -El mármol y yo discutimos. -El mármol y yo hacemos las paces. -El mármol y yo nos vamos de fiesta. -Coloco el mármol como puedo y así se queda. Cumplimos los plazos y la CE no nos sancionó, así que se puede decir que todo terminó bien para el lavabo de Zona Cero.

27 de junio de 2006

Hora punta

Recuerdo una historia que leí el otro día en la columna de Paulo Coelho en el semanal, el tío ese al que se le va la olla, sí. Hablaba de un viaje que hizo a un pueblo de Alemania que poseía una característica muy peculiar. Era una población de unos bastantes miles de habitantes en la que no había ni una sola señal de tráfico. No la necesitaban. Sus habitantes habían aprendido a circular utilizando el sentido común. Y pensareis ¿por qué coño nos cuenta este todo esto? Pues porque hace un momento me acordaba de todo esto mientras miraba el cruce a oscuras de Duquesa con García Sánchez. Acaba de pasar una tormenta enorme y se ha llevado la luz de algunos sectores de Zaragoza. En estos momentos el cruce se encuentra casi a oscuras; funcionan algunas farolas, pero no los semáforos. Y me he quedado mirando como un pasmado por la ventana a pesar de que en la tele España le empieza a apretar las tuercas a Tunez. Y me pregunto ¿funcionaría en España el estilo alemán del libre albedrío? Al principio pensé que ni de coña pero, de momento, no parece que suponga un problema, y yo que ya me estaba vistiendo de fosforito para bajar a dirigir el tráfico. De nuevo vuelvo a equivocarme. Pero entonces, ¿Porqué ahora? ¿Porqué no siempre? ¿Porqué en el día a día zargozano la gente se putea una a otra, se gritan, se cortan el paso, se cagan en la prima pequeña de la mujer del conductor del megane verde oscuro? ¿Por qué la gente no saca a relucir su verdadera humanidad hasta que la necesita, hasta que la vida nos aprieta las tuercas? Todos los días debería haber un apagón, más o menos a la hora punta, la de la salida del trabajo. Quizá así todos esos urbanitas, camikaces potenciales, aprenderían a conducir sin una mano en el claxon. Se creen muy fuertes circulando con sus bmw a ciento y pico por las grandes avenidas mientras confían en que los semáforos les guardan las espaldas; quizá por eso, porque piensan que ningún hijoputa puede arrollarles o amenazarles, amenazan ellos al resto del mundo. Quizá por eso me parece que en Zaragoza los semáforos tardan tanto en arreglarlos. Quizá por eso vaticino que habrá más apagones, uno cada vez que me saque de quicio el tráfico.

3 de junio de 2006

Cuentos para irse a dormir sonriendo

Inicio una nueva serie dedicada a todos aquellos que tienen que madrugar, a los que dejaron marchar los sueños y se quedaron a solas con la almohada, a quien la vida dejó en el arcén, a quien trabaja en una oficina con vistas a un mundo de hormigón mientras se jura a sí mismo que mañana lo deja. A quien falla penaltis en el ultimo minuto, a quien no se subió al autobús e, incluso, a quien no encuentra aparcamiento; desgraciados, en parte, todos ellos. En realidad es sólo otra de esas cosas a las que me veo obligado a recurrir en exámenes, uno de esos textos comodín para cuando los estudios te dejan sin tiempo (y cerebro) para pensar. Carta ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor: Bienes comunes, por Susana López Rubio
Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal. Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo. Cosas a conservar:
  • La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
  • El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
  • El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
  • La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
  • La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
  • El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
  • Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
  • Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).
Cosas que puedes conservar tú:
  • Los silencios.
  • Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
  • El sabor acre de los insultos y reproches.
  • La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
  • Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
  • El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
  • Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
  • Jorge y Cecilia. Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo solo son eso: objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (xxxxxxxxx) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento. Afectuosamente, Roberto.

14 de mayo de 2006

El tío Tom

El pasaso lunes estuve viendo "el peliculón" (si ya, peliculón) en antena tres. Ponían Misión Imposible II y fue una película que me enseñó muchas cosas acerca de Tom Cruise: Tom trabaja 8 dias a la semana. Tom ha ganado un serio a la pared. Tom hace footing por las mañanas, hasta el horizonte y volver. Cuando peter parker sufrió una mutacion se convirtió en spiderman, cuando spiderman sufrió una mutación se convirtio en Tom. El 29 de Junio hubo un eclipse, algo hizo sonreir a Tom. Tom ha perdido la virginidad. Cuatro veces. En las olimpiadas Tom corrio los 100 metros lisos en 9 seg, se paso los primeros 8 tirandose a una azafata. Tom se clonó para tener, por fín, una pelea digna. Tom se sacó en un año todas las carreras de la Universidad de Zaragoza, alguien le entretuvo en la cafetería 7 meses. Cuando Tom se mira al espejo no ve nada porque su reflejo no se atreve a salir. Un día Tom tenía gases. Los científicos llaman a ese día el Big Bang. La forma mas rápida de llegar al corazon de un hombre es una patada de Tom. Una vez Tom hizo un desnudo integral en una película. Nacho Vidal se echo a llorar. Las mujeres piropean a Tom diciéndole: "Que bien hueles"; a lo que Tom contesta: "Gracias es que he estado sudando en el gimnasio". Una vez alguien le lanzó una mirada insinuante a la chica de tom. UNA VEZ. Un día dijo dios: "Hagase la luz"; a lo que Tom contestó: "Pidelo por favor". Cuando los niños van a la cama temen que venga el coco; cuando el coco va a la cama teme que venga Tom. Tom dando una clase de matematicas: "Dos rectas paralelas se cortan en el infinito, no se puede demostrar, pero creedme, yo he estado alli" Tom le dio una colleja amistosa a Beckham, desde entonces a Beckham lo llaman Ronaldinho. Estados unidos no queria llegar a la luna, simplemente queria escapar de Tom. Cuando Tom juega al guiñote siempre lleva de dadas los tres veintes y las cuarenta. Tom le exo una carrera a pie al R25 de Fernando Alonso, le ganó por media hora; Tom tuvo fallos mecanicos. Estados Unidos perdio la guerrra de vietnam, Tom estaba de vacaciones. Tom no usa preservativo, no serviria de nada. Alguien reto a tom a ver cuantos cubatas podia beber en una noche, ese año Jack Daniels dejó de exportar. La mayor mentira de la humanidad no es la biblia, es la escena de lucha de Mision Imposible II en que a Tom le pegan un tiro. Cuando Tom tiene sed le dice a Chuck Norris: "Puta, prepárame un Martini."; y Chuck Norris obedece.

18 de abril de 2006

Ale maños

¡Todo un pueblo soñando con la séptima!, todos menos uno que yo me sé y que, todavía, se sigue hoy partiendo de la risa. Cualquier hijo de vecino os dirá que la derrota copera se veía venir desde Calamocha hasta Belsierre pasando por todo el territorio aragonés. Diré que creo que el “real” zaragoza no se merecía, ni de lejos, ganar. Que coño ganar, no se merecía ni saltar al campo; aunque tal vez me cuelguen un día de estos. Quien les habla no deja de ser un zaragocista, un poco por vocación (cada vez menos), bastante por obligación. Pero es que hay algo detesto mucho en las personas, en este caso del zaragoza, y es la chulería; bueno, a House se lo permito. En zaragoza pasaron la semana preparándose para ver a su equipo levantar la copa, incluso modificaron el horario de las procesiones de semana santa para que no coincidiera con el paseillo triunfal del equipo en su vuelta a casa. Los favoritos, se autoproclamaban sin el menor sentido del ridículo. Los favoritos. Llegado el gran día, cayeron cuatro pelotazos del español como cuatro cubatas de más, que, a la larga, se han convertido, para mí, en cuatro ataques de risa. Se nos está bien merecido, la verdad, por chulitos de discoteca. Quizá si el equipo hubiera pensao mas en jugar y menos en chulear, o tuviéramos un presidente más humilde… no sé. Nos habrían metido los mismos, pero sin humillar. La verdad es que ultimamente paso mucho de lo que haga esta gente y estoy firmando ahora mismo mi dimisión como aficionado a este deporte, aunque a veces lo seguiré practicando para deleitar al personal. Y aunque eso suene a crimen en un país que vive pegado al televisor cada vez que emiten un partido, y que se despegan de él, aunque la cultura los llame a gritos, cuando ponen un documental; yo, personalmente, voy a empezar a ver documentales.