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6 de marzo de 2010

Un café del coso

Nochevieja del 200?

Mi nochevieja fue bailar un rato
y charlar con Jack a cara de perro,
y reivindicarme antes del destierro
vistiendo de corbata sin zapatos.

Grandes esponjas en busca del más,
de mihuras alcoholicos un encierro,
los tres tenores brindando en mi entierro
y un ataúd firmado por Françoise.

En un arca sin dos de cada especie
no pude evitar protagonizar
un amanecer después del ocaso.

Hoy, en cualquier naufragio que se precie,
se ahogan los héroes y el capitán
siempre es el último en dejar el vaso.

6 de febrero de 2010

Estrella fugaz

De cómo Diego se liga a Estrella, una prostituta con una larga lista de problemas.

Harta de apartar tanto desperdicio
de rimel castigado por llorar,
de arrojar al fondo de un precipicio
los besos que no quisiste cobrar.

Robando fuerzas a la vida para
buscar el país de las maravillas,
maquillas las heridas de tu cara
cansada de poner la otra mejilla.

¿Dónde dejaste los años felices
cuando no amabas por obligación
ni te rellenaban con cicatrices
las esquinas rotas del corazón?

Olvida tus problemas en el suelo
y quédate conmigo hasta mañana,
cultiva margaritas en tu pelo
que esta noche quien no sueña no gana.

21 de enero de 2010

Tú

Tú, gota última que colmó mi vaso,
no voy a dejar que me cojas muerto.
Tú, reina déspota de mi fracaso,
guardiana inquebrantable de lo cierto;

cómplice atolondrada de mis dueños,
madero y alguacil de mis ahoras,
inerte carcelera de mis sueños,
impía centinela de mis horas.

Tú, que dices salvarme de mí mismo,
¿Quién es quien menos piensa de los dos?
¿Quién condena a quien al egocentrismo?
Tú, me alzas los contras sobre los pros.

Vigía de los puntos de mi hebilla,
asesinas mis ganas de volar
en esta recurrente pesadilla
donde una noche vine a despertar.

¿Qué mal causo que vos tanto custodias?
¿Qué heridas perpetraría mi paso
cuyos movimientos capturas y odias?
Tú, gota última que colmó mi vaso.

6 de enero de 2010

Hola mundo

Dedicado a la chica más sosa que pisó jamás una Jamm Session. :-P

Escucho puñales que surcan el aire,
rifles de orgullo que no apuntan a nadie;
pero siempre me disparán a mí.
Nubes oscuras que enmascaran el cielo,
botellas vacías que alumbran el suelo,
pero me impiden llegar hasta a tí.

Pero amanece soleado en invierno,
deshibernando la sangre al posmoderno,
pintando la resaca festejal.
Hola mundo, se presenta tu adversario,
en mi cuaderno estrategias de corsario,
pero honor de marinero real.

Como la tempestad precede a la calma,
abierta mi boca. Lanza gritos mi alma
y batuto con mi mano el concierto.
Poco queda para huir de la prisión
y sacudir la arena de esta canción
de cuarenta acordes en el desierto.

Castigado en mi pupitre sin soñar,
amedrento al que me quiera amedrentar
para matar el tiempo no perdido.
Esta noche me colocaré en mi puesto,
preparándome para este manifiesto
que escribo con acuse de bebido.

6 de noviembre de 2009

Asiento número trece

Aposté un billete a ventana trece
y el conducpier sonrió socarrón,
en el viaje de los juegos, a veces,
Dios ayuda a quién no sabe oración

Escribiendo un texto como el blog manda
me olvidé del noveno manda(miento),
de desistir de atreverme a entrarla
desisto, luego aún no escarmiento.

De pocas señales donde mis fichas
pagaron peajes de autovía
y del quintal de graciosas desdichas

que agradezco al medio de transporte
al uso, nada como aquella tía
que me puso cachondo de aquí al norte.

21 de julio de 2009

Soneto de una noche de verano

Ordenando el abecé literario
que intelectualiza este mundo mío
fui capitan de la armada y corsario
y tiburón sin cambiar de navío.

Adicto a los finales funerarios,
de Shakespeares me fabriqué un trío;
soñé con monólogos carcelarios
y contrabandé con libros de Pio.

Viajé a Macondo, al centro de la tierra,
caminé exiliándome de la guerra,
antes de convertirme en un fantasma.

Cual buen detective ignoré las normas
pájaro espinas, y me puse en forma,
bebiendo, para escapar de la pasma.

21 de junio de 2009

Por favor

Que el camarero no me sirva más rondas,
que el dinero se esfume de mi cartera,
que las partidas no me salgan redondas,
que las mentiras no sean verdaderas.

Que el sol amanezca siempre a primera hora,
que la luna pase la noche durmiendo,
que el futuro no sea más que el ahora,
que acabe jodido, en lugar de jodiendo.

Que mis ejércitos regalen batallas,
que mis sueños sigan siendo sólo sueños,
que acabe la carrera harto de medallas,
que mis grandes amigos sean pequeños.

Que el despertador te separe de mí,
que la poesía sea en versos libres,
que la muerte me encuentre por frenesí,
que me convierta en un muchacho sensible.

Que el permanecer vivo me sepa a poco,
que la sonrisa se me acabe borrando,
que la vida ya no me tome por loco,
que mis años se vayan multiplicando.

Que el destino haga lo que quiera sinmigo
pero que las chicas de mirada hiriente,
calientapollas, que se cruzan conmigo,
por favor, que no sólo me la calienten.

6 de mayo de 2009

Llamando a las piernas del cielo

Diezmar las cuentas del banco del sueño
para abonar la ristra de hipo-tetas
ganadas por un imperio pequeño,
tahurando, con pretensión de atleta.

Aquel concierto me había pensado
dedicar todas mis siete bebidas
y el primero de los siete pecados
y mi mejor frase de despedida.

Beberme el litro del placer solito,
tener que regalártelo vacío,
acabar durmiendo como un arbolito,
al filo de tu sonrisa, que frío.

Y yo aquí sigo, sentado en mi banco.
Y tu, allí, atardeciendo, asesinándome,
diseñas males, dejándome en blanco,
poniéndome nervioso, sonrojándome.

Contemplar la pecera donde nadas,
entre mis pensamientos. Pataleas.
Obviar de poesías de miradas
besos bi-sí-labos que tu no leas.

Meterte dentro de mis calcetines,
ver si estás buena o solo lo pareces,
llevarte de caricias maletines,
sobornar tus piernas como merecen.

Ríe, sé en fría, trafica conmigo,
en caliente sé, mata mis complejos.
Tu, tan alucinógena, tan sinmigo;
y yo, sentado en mi banco, tan lejos.

8 de mayo de 2006

Paseos por Barcelona

Guía turística con lluvia en los zapatos, bailaora de la seguidilla de la tarde de domingo que obtuvo el record de buenos ratos, heroína fugaz para adictos a cobarde; la porción sobria de pensamientos desquiciados, las lágrimas ensimismadas de arte mayor, los gritos de libertad de versos arrestados del entierro de esta madrugada son por vos. Aunque tiempo haga de los paseos por la luna, aunque la rambla no sea el camino a seguir en la vuelta a casa de esta noche en una duna más del desierto de los fracasos del salir; no me importa re-revivir enterradas glorias al compás del rock and roll del fondo de los vasos y ser el prota ganador en aquella historia donde la felicidad se medía por pasos, donde la recompensa eran tus labios hablando, el edén un piso sin balcón a Urquinaona, el paso del tiempo mirar tus ojos mirando, la vida, quizá, un fin de semana en Barcelona. Perdona si al aroma de los cafés condales, asesino las palabras dentro de mi boca o me disfrazo de mudo en tardes carnavales para buscar la atención de una mirada loca. Y que más da si Amelie no sabe declararse maneja con soltura el idioma de mirar y en un segundo hace valer la pena arriesgarse aunque mala suerte me derrote en Trafalgar. Todavía debo una visita al parque Guell, (una buena excusa para volver a partir) bastaría saber si me invitas, como ves, hoy también yo “puedo ponerme humilde y decir”. Barcelona fue el centro de un patio de luces y un artista del metro cantando el aleluya, una princesa esquivando coches en los cruces; tú admirabas las curvas de Gaudí y yo las tuyas. Que en la vida, como en las canciones de Serrat, hasta los aprendices de poeta más tiernos necesitan, a veces, tu voz para soñar que la puta realidad no les pone los cuernos.

30 de marzo de 2006

Para balear exhibicionistas

Dedicado a las alumnas de un Colegio de Monjas de Zaragoza que me miran desde su clase cuando me visto por las mañanas.
A las colegialas más voyeuristas el fuego eterno las trae sin cuidado, como las lecciones de sor Josefa, para balear exhibicionistas con nueve milímetros de pecado de la pistola del neng de Castefa. Mi cuarto es el teatro del delito, una peli donde actúo en pelotas, la cabina barata de un sex-shop; una tienda en un mundo gratuito donde el cliente se pone las botas sin tener que decir: "Ya soy mayor". Y las apostróficas centinelas se prisan para bajar la persiana antes de que se ría la ciudad, por ver su fe poblando las esquelas cada vez que miran por mi ventana y se ponen cachondas de verdad. Si fueran mis strip-tease de las once un poco menos Boris (más tacaños) y las monjitas un poco más guarras y enseñaran de sexo a los diez años; pasarían de mi culo y, entonces, las niñas mirarían la pizarra.

22 de febrero de 2006

Con un poco de retraso

Para ustedes los galácticos astros,
las robinhescas bicis sin pedales,
esa grandeza comprada del rastro,
el jugar a futbol como animales.
Los paparazzis del rubio inglés,
que sólo consiguió una Victoria,
los soldados que no usan ni los pies,
la chulería, la mancha en la historia.
Los ricos Sancha Panza brasileños,
los treinta y pico años del mago de oz,
los chulos mesetarios madrileños,
¿El futbol es así? Si, bueno no.
Ogros que mortifican espinillas,
marchitos ramos metrosexuales,
espiritus fuera de sus casillas,
¿Y Roberto? Se quedó en carnavales.
Para ustedes la popularidad;
la derrota, un adiós inoportuno
de la "copica" de su majestad.
¿Para nosotros? Diegol, y el seis-uno.

30 de enero de 2006

Amanecer

Hoy me gustaría amanecer en post meridium, que la gente haga cola para entrar a mi cama, adornar con vuestros billetes el tepidarium gran hermanado donde me acuesto con la fama, Detener la cuerda de esta caja de sorpresas, tomarme la justicia doble y a palo seco, que dejeis de ser cazadores, que seais presas, pararme a discutir los pensamientos de mi eco. Quisiera que estrella fuera la estrella durmiente, que volviera a nacer con un príncipe a su lado, que aceptara su vida pasada indiferente, para que vivir feliz no fuera demasiado. Quiero acostarme siempre sin saber quien soy, robar las cartas al momento de la partida; siento abandonarme, pero tengo una misión hoy, hoy será el primer día del resto de mi vida.

30 de diciembre de 2005

Sin

Sin sueños nocturnos, sin noches perdidas, sin estrella en el paseo de las damas, sin lunas corruptas, sin flores prohibidas, sin escritores, sin escenas de cama. Sin versos de once, sin billetes de diez, sin luz, sin corazones en las esquelas, sin ‘te llamaré’, sin ‘quizá’, sin ‘tal vez’, sin putas tristes, sin dolores de muelas. Sin Antonio, sin Pablo, sin Federico, sin la hacienda de don Alonso Quijano, sin esperpento, sin platero el borrico, sin Reverte, sin Sabina, sin mi hermano. Sin deseo de desear cosas buenas, sin independientes avenidas mañas, sin amanecer, sin whisky en las venas, sin amigos en cada calle, sin cañas. Sin pensar lo que digo, sin pensar mal, sin ‘hasta luego’ que parecen ‘adiós’, sin besos con lengua, sin vida real, sin héroes que mueren muriendo por vos. Sin conocimientos de elegancia básica, sin quitar pétalos de sobrevivir, sin despedidas de película clásica, no habría valido la pena vivir.

15 de diciembre de 2005

El cielo tuvo la culpa

El cielo tuvo la culpa, no hay duda, del ruido y la gente corriendo entre escombros, de niños indefensos pidiendo ayuda; de marines con insignias en los hombros, corazas en el pecho y caras pintadas del color de la muerte que ellos trajeron; de tristeza, de aldeas bombardeadas, cadáveres que lucharon y murieron. Tus B cincuenta y dos surcaron el cielo para vaciar sus vientres sobre mi gente, cerré los ojos y lloré tras mi velo el asesinato injusto de inocentes. ¡Cuantas veces maldije tu vida y obra! ¡Cuantas veces, yanqui, te deseé muerto! Cuanto odio cuando aquel a quien llamas Cobra me dejó coja y con el corazón tuerto. Pese a todo seguí soñando con ver como, humillado, retirabas tus tropas de los desiertos que me vieron crecer, disculpándote ante las familias rotas, implorando de rodillas la piedad que no fuiste capaza de tener conmigo, soñé con verte abandonar la ciudad a la que un día llegaste como amigo. Soñé con ver a tus soldados pensar, descubrir que Charly fuiste siempre tú; y que mis hijos pudieran contemplar aquel cielo, libre de aviones, y azul.

10 de septiembre de 2005

Trata de arrancarme, Cris

Dedicado a Cristina, una compañera de trabajo a la que he dejado encargada de despertarme si algún día volviera a quedarme dormido a la hora de ir a trabajar.
No te fíes de ese Judas de plástico, asesino de sueños placenteros, que en vano morirá ante el multielástico guardaespaldas del as de camareros. Consigue repatriarme del fantástico planeta de no servir a terceros, y tráeme al dorado mundo dinástico donde primero sirvo a los primeros. No me dejes reposar en la cama, me espera un espléndido día gris donde hacer frente a abuelos trileros. Cuando termine cansado y sin dama, por favor, trata de arrancarme, Cris; que de esta vez me juego los dineros.

24 de agosto de 2005

La sombra de la plaza del mercado

Putean las palomas y calienta la sombra de la plaza del mercado, resignado, blasfema y se sienta a pedir para pagarse un cortado. Sus sueños hace tiempo se marcharon navegando el cauce seco del vero y sus viejos amigos le enseñaron la verdad sobre el amor y el dinero. Malvive de prestado, los días que le prestan, que se permite su café con leche; si no, cuenta las horas que le restan hasta que el frío de la plaza lo eche. Cada día lo veo en 'El Dorado', persiguiendo ese sueño tan inmundo que es la vida, sólo cobre le han dado y un !Que aproveche¡ Chapeau por el mundo.

1 de julio de 2005

Lucía

Lucía tiene una novela antigua, unas deportivas de más de un año, un top gris con un escote tacaño, gafas rosas y una mirada ambigua; un aparato dental que amortigua la sonrisa amarga del desengaño, una pulsera azul que le hace daño y otra marrón que el dolor apacigua; unos vaqueros comprados del rastro, una oda de un poeta de Barbastro que igual se acuerda que se olvida de ella; una brisa que acaricia su pelo, una vida con los pies en el suelo, un sol y un mensaje en una botella.

18 de junio de 2005

Continúa

Levanta los ojos del camino y mira al cielo, porque es allí donde van a terminar tus pasos, permanecer quieto puede evitarte fracasos pero no se hicieron tus pies para anclarte al suelo. No imaginas aún los versos por escribir o los poemas que debes regalar al mundo, los millones de monólogos de Segismundo que te han de librar de las cadenas de vivir, los cientos de paseos por campos de castilla que inspirarán a generaciones venideras, todas las palabras condenadas a galeras que salvarás mientras más clara la luna brilla. La princesa no estará triste cuando te lea, para ella tus versos valdrán más que los diamantes y sinceramente te agradecerá Cervantes que escribas, ¡por fin!, el final de la Galatea. Con mano templada, con recio arte y con maña redibujarás los muros de la patria tuya; si te hunta los versos un Góngora docto en pullas recuerda que caminas hoy por tierras de España. No te levantarás ni te acostarás madrugadas sin escribir millones de poemas de amor, con esperanzas o con lágrimas de dolor, pero también con sus canciones desesperadas. Llorarás y te preguntarás ¿Qué es poesía? cuando salgas de borrachera con Max Estrella, cuando la dama boba sea la dama bella y Lope se acueste al lado tuyo al mediodía. Enrólate en el barco del capitán pirata, que cante alegre en la popa una nueva canción, logra que apunte hacia Ítaca su dirección y busca las riquezas que Kavafis relata. No menosprecies ni los piropos de Romeo, ni los gritos de Hamlet por hallarse en inglés, ni los versos de Belsierre por no tener ni pies ni cabeza en tiempos de poesía tan feos. Se paciente en tu búsqueda y no tomes en vano baladas de Dylan o canciones de Serrat, y un día cualquiera dile a tu padre: 'Papá cuéntame otra vez aquella de Ismael Serrano'. Levántate, no te quedes parado, camina, imagina y reinventa todo aquello que leas; pero, por bueno que te digan, nunca te creas que podrías superar los versos de Sabina.

25 de mayo de 2005

Océano Pacífico

Dedicado a la locutora de un programa de radio de Cadena Dial con el mismo nombre que me alegra de vez en cuando la madrugada.
Da la medianoche el repicar de la campana de la iglesia de nuestra ínsula de marineros y, a lo lejos, se escucha el batir de la mesana golpeada por la brisa, en tu barco velero. La obligación te despierta de un sueño profundo, emerges como por sorpresa del camarote de capitán en el que te refugias del mundo y se centra tu vista en el viejo paquebote que cada noche antes de zarpar te trae misivas de viejos contramaestres varados en tierra, doctos oficiales que ruegan que les escribas contando los secretos que tu océano encierra, locos vigías que desperdiciaron su vista en el lejano horizonte buscando tu barco, hijos de pescadores que ignoraron tu pista creyendo que tu mar no era más grande que un charco. No formas número de ese elenco de marinos que marcan rumbo en la carta de navegación. Concedes la libertad a todos tus destinos, sea el viento quien los discuta con Poseidón. Te encaminas rápidamente al puente de mando, saludando con sonrisas a tus tripulantes, planeando la noche sueñas que navegando te espera una travesía llena de diamantes poéticos hundidos que debes rescatar de entre esqueletos de antiguos barcos naufragados, de calmas tras tempestades donde recitar canciones de victoria a los barcos abordados, de maniobras peligrosas entre atolones que en tu barco podrían hacer quebrar la quilla, de esos trueques con carabelas y galeones, e ilustres mandatarios del puerto de Sevilla. La solapa de tu chaqueta de capitana no porta ni medallas ni condecoraciones. tales premios no te llevarán a tu mañana deseado de charlar con todas las naciones. El amanecer revela que la noche ha muerto, te guías pues por la luz del faro intermitente y terminas con la eslora de tu barco en puerto, con la esperanza de partir al día siguiente.

19 de abril de 2005

De autobuses y acompañantes

Lo peor de no viajar, fue perderme, no volver a sufrir tu compañía, buscar una cita que merecerme; abstraerme en tu butaca vacía esperando ver tu rostro subir desde la penumbra de la estación, no verte, pensar en tí, sonreír, cambiar el dial, cambiar la canción; pasar el ecuador, en un naufragio de recipientes verme desterrado, escribir mi vida libre de plagio, verte marchar perdiendo lo ganado. Lo peor de viajar, quedarme en tierra, no dormir por adivinar tu nombre, contar las horas de esta vida perra, sentirme mitad niño, mitad hombre. Perdí aquel viaje, me saque de quicio, terminé de esclavo una temporada; si, pobre de mí, me llevan a juicio, no me vendría mal una abogada.