6 de mayo de 2012

Declaración de ofrenta

En estos tiempos uno siempre busca ser más listo que su estado sentimental, cuadrar las cuentas del ánimo con saldo positivo, añadir un haber donde antes solo había debe, tener una tasa de crecimiento espiritual, dejar de ser un producto interior bruto. Buscamos ganar la partida del monopoly, regresar de la regresión. Olvidar la mala sombra del banco donde os sentásteis juntos, de la caja que llenásteis de recuerdos.

Pero, ¿que hacer cuando la declaración de amor no te sale a devolver? Cuanto la otra persona no tiene una ventanilla online para resolver tus dudas. Cuando tiene otro acreedor que le reclama más tiempo y no puede pagarte del banco de su cariño, cuando la otra persona ha marcado la casilla de los fines, no la de los principios. Cuando tus acciones, cotizando su sonrisa, caen en picado.

Puedes intentar diseñar un plan de asustes, invertir en desarrollo personal, privatizar algunos sentimientos, fusionarte con el silencio... pero las agencias de rating problablemente terminen por restar credibilidad a todos tus actos.

Intentado todo, solo queda firmar los documientos, confirmar la operación salida, cumplir con lo escrito como un cavaliere. Pedir la cuenta y pagar lo que se deba en abrazos.

Y al final, si nada de esto tiene resultado, austeridad.

3 comentarios:

Sara Gonzalvo dijo...

WoW!

No tengo palabras, no sabia que tenias este donde de literato. Sin duda, no quiero un combate contigo al scrabble.

Following you~~!

ieneli dijo...

Me alegro que te hayas animado a volver a escribir, si es que ya te lo pedía el cuerpo... Espero que todas esas buenas ideas que tienes en la cabecica crezcan como nubes de tormenta y nos traigan los monzones a esta tierra desértica para que no sólo crezcan fórmulas y números, sino también letras y poemas, y lo compartas con nosotros para que también las disfrutemos.

Lo que más odio de las cajas que se llenan de recuerdos es la cantidad de polvo que cogen; al principio te aferras a ellos, los miras, los hueles, los acaricias, no te despegas ni un momento de ellos, pero conforme pasa el tiempo terminas olvidando la caja en algún rinconcito perdido y sólo al hacer limpieza vuelves a reparar en ellos.

Me consuela saber que los abrazos también permiten saldar cuentas.

Unknown dijo...

Vacía queda la caja de recuerdos anteriores. Estoy deseando llenar una nueva, en la que tú seas el protagonista...