18 de mayo de 2005

El arte de Talía

¡Ay! Mísero de mí, ¡Ay! Infelice, apurar cielos, pretendo. Ya que me tratáis así, ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo? Así empieza el monólogo de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón. La primera vez que leí esos versos me cautivaron hasta tal punto que me aprendí el texto entero de memoria. Unos cien versos. Fue este texto y no otro el que me animó y me dio fuerzas, hace ya un año, para participar en una obra de teatro en la residencia de estudiantes. Todo empezó cuando una amiga mía se apuntó y me obligó a acompañarla el primer día. No estuvo mal, así que decidí apuntarme yo también. Aquella obra supuso mi debut como actor propiamente dicho. Hasta la fecha sólo actuaba cuando mi padre me preguntaba los domingos al levantarse que a que hora había llegado por la noche. Y yo, con una interpretación digna de un Goya, y con un estilo chulesco entre Javier Bardem y Robert de Niro le decía: “¿Estas de broma, tío? A las dos y media ya estaba en la cama”. Y después me quitaba la chaqueta y me echaba a dormir. Hace unos días estuve delante de ese mismo escenario que me vio nacer como actor. Bueno, nacer y morir. Porque a mi juicio lo hice tan mal que decidí hacerle un favor al mundo del teatro retirándome. Fui a ver una obra que hacían en la misma residencia mis antiguos compañeros de reparto, más alguna incorporación. Eché un poco de menos todo aquello. Menos los nervios de antes de salir. La obra estuvo muy bien, a pesar de las dificultades que tuvieron. Esa es la magia del teatro. Que, a pesar de los problemas y contratiempos que surjan, al final todo se soluciona y acaba saliendo bien; nadie sabe como ni porqué.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Prueba de comentario anónimo.

fumau dijo...

Qué razón tenía Segismundo cuando dijo esos versos, ¿aún te acuerdas?Una décima cada uno, yo todavía los recuerdo, algun día los tenemos repetir.

Anónimo dijo...

Realmente nadie sabe ni como ni xq "salió" aquello ;)
Hypatia