28 de julio de 2005

La venganza

Recientemente me encontré con una amiga a la que no veía hace tiempo y me paré a hablar un rato con ella. Estudios pa aquí, vacaciones y fiestas pa allá. Que muy bien y eso. Y en estas me cuenta que va a empezar a trabajar en un bar de terraza de Barbastro. Y le cuento. Todavía recuerdo mi primer verano de camarero, mi bautizo en el mundo de la hostelería en ese mismo bar. Empecé ilusionado como un colegial, conocí a un jefe que parecía buen tío. ¿Contrato? No, para qué. No ves que así me ahorro una pasta y, claro, de seguro ni hablamos; esperemos que no te pille un makinero con el coche al cruzar la calle (no sería el primero). Suerte que era sólo un carril. En fin. Pero a pesar de todo me gusta y la mujer del tío es muy simpática y los compañeros son de puta madre, así que sigo. Y acabo el mes de junio y el tío me paga. Oye que faltan veintitantos euros. No pasa nada chaval. Un fallo de cálculo. El próximo mes lo aclaramos. Ciao pescao. Y aguanto porque necesito el dinero. Y al pasar el tiempo me doy cuenta de la mierda de sueldo que me supone un veinte por ciento sin base, y si llueve pues cero. Y que las broncas del jefe son de órdago. Y que el bar en si es un puto antro, esta todo desordenado y no llegas a tiempo a servir toda la terraza sin que los clientes te echen en cara el retraso; se quejan al jefe y el dice: ‘Si es que este chico…’. Y luego va y te dice que como este mes te bebiste más de una coca-cola por día pues te tengo que restar veinte euros de sueldo (NOTA: ¿PRECIO REAL DE LA COCA-COLA? 10 EUROS POR CADA CAJA DE 24). Y el último día hace viento, una sombrilla sale volando y el jefe te hecha la bronca por que se rompe en tu espalda. Y tras esto miro a mi amiga y pienso: ‘No vayas’. Pero claro, necesita pasta. Nos despedimos. Luego recuerdo el juego de llaves del bar del que me hice copia cuando trabajé allí. Sonrío. Tranquilo. La venganza es un plato que se sirve frío.

12 de julio de 2005

Vuelvo a las andadas

Otra vez de nuevo en el negocio de la hostelería, gente. Yo que ya tenía mi verano bien planeado con sus horas de tomar el sol, sus partidos de fútbol y sus siestas de seis horas; y todavía no recuerdo a santo de qué se me ocurre ponerme a buscar trabajo de camarero. De camarero porque es para lo único que valgo. ¿Quién me mandará a mí intentar levantar el país? Pero si yo tenía pensado trabajar un verano de cada dieciocho. En fin. El sitio en cuestión se llama ‘El Dorado’, es una cafetería-sala de juegos de Barbastro, lo cual hace que el nombre quede bastante lógico. Es uno de esos sitios a los que los ludópatas acuden a dejarse el dinero que les sobra, o el que les falta, da igual. Se lo juegan. No había entrado nunca hasta hace un par de días. Cuando leí el anuncio dije mira tú que bien. Igual necesitan a alguien para hacer de crupier o para que recoja las ganancias en la ruleta con uno de esos palos, no va más señores. Claro que igual tengo que hacer de rubia que encandile a los incautos. Allí ya no sé yo. Hasta ahora nunca me he travestido pero si me pagan bien…Y quizá estemos una noche allí tan tranquilos ganando unos cientos y entre la autoridad y tengamos que echar a correr, aunque conociendo a la autoridad de Barbastro lo mismo se toman una caña y se van. Lo malo vendría si se presenta la familia mafiosa rival que tiene un club en la otra punta de la ciudad (en las pelis siempre es así) y nos liamos todos a tiros. Pero al final resulta que el sitio se llama sala de juego pero sólo tiene tragaperras. Quizá me fastidie no trabajar en un casino, pero, lo que si que es seguro, es que me fastidiará perderme el verano que me esperaba. Pero,… ¡Hostie tú! es que la pela es la pela ¿o que?

6 de julio de 2005

Quizá

Por fin he terminado los exámenes de Julio y ahora toca relax. No se que hacer con el blog en verano. Me gustaría seguir escribiendo pero voy a estar bastante ocupado, ya sabéis las fiestas, la piscina, la siesta… Intentaré sacar tiempo de alguna parte para escribir un post cada semana. La verdad es que me gusta esto de escribir. Estoy enganchado, lo reconozco. A lo largo del curso ha habido gente que me ha preguntado ¿Porqué escribes un blog? A veces era yo mismo. La verdad es que no se muy bien por qué. Para dar rienda suelta a esa vena literaria que oculté tanto tiempo y porque, que coño, me gusta pensar que sirve de algo. Porque si yo no escribiera este blog quizá el mundo fuera un poco peor. Tal vez, si yo no escribiera, Lucía cerrara el libro, se maquillara, se comprara ropa y se fuera a aquella fiesta deprimente; y tal vez Rillo no quisiera presentarse conmigo el año que viene al torneo de guiñote; quizá Hugo no volviera a recordar nunca aquel paseo por la autovía, quizá Isabel nunca tuviera una poesía dedicada y siguiera igual de pesimista que siempre, o Barón no vendría de visita a Zaragoza para barrer un poco la plaza del pilar. Creo que visto así merece la pena escribir un blog que es tan solo el trabajo en ratos libres de alguien que aún cree en lo que hace. Seré un ingenuo y un soñador, pero, como dijo Lennon, no soy el único.

1 de julio de 2005

Lucía

Lucía tiene una novela antigua, unas deportivas de más de un año, un top gris con un escote tacaño, gafas rosas y una mirada ambigua; un aparato dental que amortigua la sonrisa amarga del desengaño, una pulsera azul que le hace daño y otra marrón que el dolor apacigua; unos vaqueros comprados del rastro, una oda de un poeta de Barbastro que igual se acuerda que se olvida de ella; una brisa que acaricia su pelo, una vida con los pies en el suelo, un sol y un mensaje en una botella.