27 de abril de 2005
Paso de ecuador (Parte 2: De vuelta y vuelta)
Lucía no es una chica guay
19 de abril de 2005
De autobuses y acompañantes
15 de abril de 2005
Un buen día
5 de abril de 2005
El guiñote
La cafetería de la facultad. Son las seis de la tarde. La hora del descanso para los que empezamos a las tres. Un par de profesores de dios sabe qué hablan en la barra mientras se toman un café que les permita seguir dando clase durante tres horas más sin aburrirse a sí mismos. Cosa que no siempre consiguen. El resto de la cafetería esta casi vacía. Las tardes son así.
De vez en cuando alguien entra, compra algo y se va. En una mesa cuatro chicos juegan al guiñote. En un lado Llomby pone cara de póquer, mira sus cartas y piensa una jugada. Medio segundo más tarde tira un cuatro de copas y mira a Pelos enfrente de él. Vuelve su cara hacia la izquierda, puesto que ocupa Rillo, y pregunta por el torneo de guiñote. Rillo le dice que nos han jodido. Que no hemos perdido, pero que nos han echado del torneo. Que son unos cabrones.
Todavía hoy recuerdo esa mañana cuando viniendo a jugar, Rillo y yo nos encontramos borrados de la lista del torneo y nuestros contrincantes en la siguiente ronda. Y, mientras yo analizaba los pros y los contras de quemar el cartel de eliminatorias del torneo, comprar una escopeta en Grancasa y convertir la facultad entera en una sucursal de Puerto Hurraco; Rillo leía una nota de la organización y me contaba que el plazo para la segunda ronda había terminado. Plazo que los organizadores se sacaron de la manga por lo visto cuando les apeteció. Lo que más me jodió fue lo de madrugar. En fin. Seguramente el fulano contra el que teníamos que jugar pasaba por allí y dijo llegar y besar el santo, apuntar que pasamos nosotros oye, mira tu que suerte.
Y de nuevo en la partida de guiñote uno piensa ¡qué coño! Quien quiere trofeos teniendo amigos y un descanso de veinte minutos. Hemos salido ganando pese a todo. Y que le den al payaso ese el trofeo del guiñote, la copa de Europa y hasta el príncipe de Asturias si quieren. Pero entonces miras al frente, ves a Rillo, que no aprobó ninguna asignatura el cuatrimestre pasado porque se pasó las clases jugando al guiñote.
A él le hubiera gustado ganar. Y piensas nos toca jodernos muchacho. Deberíamos haber ganado ese torneo. Nos lo merecemos. No por mí, sino por ti. Entonces tiras cualquier carta y le diriges unas palabras parafraseando a Raúl. Si bueno ¿no?, el guiñote es así. Y Rillo se ríe. Y volvemos a clase.
by belsierre!