31 de mayo de 2005
Definitivamente
Ocho de la mañana. Suena el puto despertador como si fuera el último tono de moda para tu móvil. Me levanto sin saber quien soy. No desayuno. Camino diez minutos hasta el gimnasio. El cierzo me pega en la cara y para acabarla de joder empiezan a caer gotas. Carrera, estiramientos, ejercicios y bicicleta. Una hora y vuelvo a casa. En casa me ducho, lleno la cartera de libros y apuntes y salgo. Son aproximadamente las diez.
Paso por la biblioteca para devolver los libros que cogí el otro día. Espero en la parada hasta que llega un autobús porque el que iba a coger arrancó en mi cara. Va hasta los topes. Paso media hora de pie. Llego a la facultad y me zambullo en el ambiente cargado de la sala de estudio. No hay sitio y termino estudiando en un pasillo. Vuelvo a la sala de estudio. A media mañana una parada. Una partida a la pocha y un cortado con hielo. Me estoy volviendo un toma-cafés. Volvemos a estudiar. Paso de comer en la facultad y bajo con Jaime al Pans & Company del centro comercial. Deambulamos un par de horas y volvemos a clase a las tres.
El profesor decide saltarse el descanso y empalmar dos clases. Después libre y a la cafetería. Prácticas de siete a nueve corriendo porque necesitamos la nota y no nos da tiempo a terminarlas. Acabo a las nueve y cinco. Por lo menos acabo. Vuelvo a la parada a esperar el bus y otra media hora. Llego a casa, repaso los apuntes, hago algún ejercicio y ceno. Vuelvo a los libros. Estoy agotado. Harto de estudiar y, aún así, todavía tengo fuerzas para cogerle el teléfono a mi madre y escuchar que soy un vago y que no hago nada en todo el día. Estudio hasta las doce y mañana a las ocho otra vez.
Definitivamente, hay que joderse, madre.
25 de mayo de 2005
Océano Pacífico
Dedicado a la locutora de un programa de radio de Cadena Dial con el mismo nombre que me alegra de vez en cuando la madrugada.
Da la medianoche el repicar de la campana
de la iglesia de nuestra ínsula de marineros
y, a lo lejos, se escucha el batir de la mesana
golpeada por la brisa, en tu barco velero.
La obligación te despierta de un sueño profundo,
emerges como por sorpresa del camarote
de capitán en el que te refugias del mundo
y se centra tu vista en el viejo paquebote
que cada noche antes de zarpar te trae misivas
de viejos contramaestres varados en tierra,
doctos oficiales que ruegan que les escribas
contando los secretos que tu océano encierra,
locos vigías que desperdiciaron su vista
en el lejano horizonte buscando tu barco,
hijos de pescadores que ignoraron tu pista
creyendo que tu mar no era más grande que un charco.
No formas número de ese elenco de marinos
que marcan rumbo en la carta de navegación.
Concedes la libertad a todos tus destinos,
sea el viento quien los discuta con Poseidón.
Te encaminas rápidamente al puente de mando,
saludando con sonrisas a tus tripulantes,
planeando la noche sueñas que navegando
te espera una travesía llena de diamantes
poéticos hundidos que debes rescatar
de entre esqueletos de antiguos barcos naufragados,
de calmas tras tempestades donde recitar
canciones de victoria a los barcos abordados,
de maniobras peligrosas entre atolones
que en tu barco podrían hacer quebrar la quilla,
de esos trueques con carabelas y galeones,
e ilustres mandatarios del puerto de Sevilla.
La solapa de tu chaqueta de capitana
no porta ni medallas ni condecoraciones.
tales premios no te llevarán a tu mañana
deseado de charlar con todas las naciones.
El amanecer revela que la noche ha muerto,
te guías pues por la luz del faro intermitente
y terminas con la eslora de tu barco en puerto,
con la esperanza de partir al día siguiente.
19 de mayo de 2005
TRATADO para una nueva CONSTITUCIÓN
Título I. De los objetivos de la Unión.
La unión nace de la voluntad de los seres humanos de pasárselo bien y se fundamenta en los valores del ‘pa qué trabajar’, el cachondeo y el buen rollito. Coordinará los envíos de cerveza pa que no le falte a nadie, luchará contra el aburrimiento y el garrafón; y condenará la responsabilidad y la obediencia. Además promoverá las fiestas universitarias, el botellón, los guateques, las happy-hours, las raves, los conciertos, las fiestas de los pueblos y los concursos de miss camiseta mojada. Y fomentará el juego de la pirámide y cualquier actividad que favorezca el desfase y el bailoteo de las personas.
Esa Konstituuuuu!!
La unión nace de la voluntad de los seres humanos de pasárselo bien y se fundamenta en los valores del ‘pa qué trabajar’, el cachondeo y el buen rollito. Coordinará los envíos de cerveza pa que no le falte a nadie, luchará contra el aburrimiento y el garrafón; y condenará la responsabilidad y la obediencia. Además promoverá las fiestas universitarias, el botellón, los guateques, las happy-hours, las raves, los conciertos, las fiestas de los pueblos y los concursos de miss camiseta mojada. Y fomentará el juego de la pirámide y cualquier actividad que favorezca el desfase y el bailoteo de las personas.
Esa Konstituuuuu!!
18 de mayo de 2005
El arte de Talía
¡Ay! Mísero de mí, ¡Ay! Infelice, apurar cielos, pretendo. Ya que me tratáis así, ¿Qué delito cometí contra vosotros naciendo?
Así empieza el monólogo de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón. La primera vez que leí esos versos me cautivaron hasta tal punto que me aprendí el texto entero de memoria. Unos cien versos. Fue este texto y no otro el que me animó y me dio fuerzas, hace ya un año, para participar en una obra de teatro en la residencia de estudiantes.
Todo empezó cuando una amiga mía se apuntó y me obligó a acompañarla el primer día. No estuvo mal, así que decidí apuntarme yo también. Aquella obra supuso mi debut como actor propiamente dicho. Hasta la fecha sólo actuaba cuando mi padre me preguntaba los domingos al levantarse que a que hora había llegado por la noche. Y yo, con una interpretación digna de un Goya, y con un estilo chulesco entre Javier Bardem y Robert de Niro le decía: “¿Estas de broma, tío? A las dos y media ya estaba en la cama”. Y después me quitaba la chaqueta y me echaba a dormir.
Hace unos días estuve delante de ese mismo escenario que me vio nacer como actor. Bueno, nacer y morir. Porque a mi juicio lo hice tan mal que decidí hacerle un favor al mundo del teatro retirándome. Fui a ver una obra que hacían en la misma residencia mis antiguos compañeros de reparto, más alguna incorporación. Eché un poco de menos todo aquello. Menos los nervios de antes de salir.
La obra estuvo muy bien, a pesar de las dificultades que tuvieron. Esa es la magia del teatro. Que, a pesar de los problemas y contratiempos que surjan, al final todo se soluciona y acaba saliendo bien; nadie sabe como ni porqué.
11 de mayo de 2005
Vámonos de tiendas
La llegada de la primavera trae el buen tiempo. Los árboles y parques se llenan de color verde. Las personas se ponen mejor humor y algunos empiezan a lucir palmito. Yo me cabreo porque pertenezco a ese grupo de personas que tienen alergia. Que le vamos a hacer. La gente saca la ropa de la primavera pasada y se da cuenta de que no le cabe o no le gusta, o ambas dos. Y entonces deciden irse de compras para llenar de nuevo el armario.
No les culpo, la verdad. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Yo sería el último que os juzgaría. Y gastar un poco de dinero siempre le alegra la vida a uno. Se cree más importante. Pero hay que saber elegir. Antes a mí también me gustaba estrenar ropa, me hacía ilusión. Pero todo eso se perdió con la ingenuidad del consumidor que alguna vez fui. Cuando comprendí que las frases bonitas y el espíritu olímpico del que hablan los anuncios de ropa deportiva sólo era marketing. Cuando empecé a darme cuenta de que la felicidad de un nuevo vestido vale cinco céntimos la hora en una fábrica de china. Uno ve las imágenes de explotación que sacan en el telediario de la dos de vez en cuando, no en esos de otras cadenas que dicen ser políticamente correctos y comprometidos y prefieren hablar del embarazo de Leticia o de los seis puntos del Barça; y piensa la de pasta que trincan algunos con la mano de obra barata, o regalada, según se mire. Y la gente se lava las manos pensando que puedo hacer yo, si sólo soy una persona, y tampoco tengo la culpa, que coño. Bonita sangre fría.
Cada uno que piense lo que quiera. Pero por mucho que lo ignoremos, nosotros tenemos la culpa de todo eso. Nosotros somos los que compramos y los que podemos elegir no comprar esa marca. Pero hay alternativas, creedme, todavía en estos tiempos es posible ser justo, os lo juro. No os vendáis tan barato, vosotros valéis más que ellos.
10 de mayo de 2005
Montmeló es azul
Este sábado estuve en Montmeló viendo la formula 1, sólo pude ir a los entrenamientos. Lástima. Y ya hay quién me ha dicho: ¡Pues es mejor ver la carrera que los entrenamientos! Oh, claro. Eso ya lo sé yo también. Aún con todo los entrenamientos no estuvieron nada mal. La pena es que tuve que madrugar. Llegué justo a tiempo porque había cola pa entrar y tal. Los formula 1 fueron saliendo a entrenar. Toda la grada expectante queriendo ver a Alonso. Que tardó bastante en salir y en la primera sesión libre sólo dio una vuelta. Coño Alonso, ya sabemos todos que eres dios y que a chulo no te gana nadie, ni siquiera yo; pero podrías dar alguna vuelta más, aunque sólo sea para que aplaudamos. Vamos, digo yo.
En la segunda sesión ya dio algunas más, parece que me escuchara y todo. En ese momento me di cuenta de que me estaba poniendo rojo con el sol. Va da igual, merece la pena; me dije a mí mismo. En la vuelta de calificación toda la gente intentando empujar al asturiano. Aquello no se puede describir con palabras. La emoción de estar allí, un coche azul y amarillo que se acerca a doscientos cuarenta y acelerando (me encontraba justo al final de la recta de meta), Melendi cantando ‘Asturias’ por megafonía y la grada entera poniéndose de pie cuando Alonso pasaba por delante; parecía que se fuera a venir abajo la tribuna. Increíble. Hay gente que me ha preguntado por el ruido, la verdad, sonaban más las bocinas de los asturianos que los formula 1, que no sonaban poco.
Algunas personas no me han creído cuando les he contado que estuve allí, me da igual. Me basta con creérmelo yo. Pero lo mejor de todo fue, sin duda, el ambiente que había, de buen rollo y de fiesta. El año que viene voy para toda la carrera.
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